Salmos 1, 2-3
Te agrada Señor que medite Tu Palabra de noche y de día.
Entonces mi vida
es como árbol plantado junto al río que da fruto a su tiempo, y tiene su follaje siempre verde.
Todo lo que hago me resulta bien.
Salmos 2, 6-8
"Yo soy quien ha consagrado a mi misionera, en mi monte santo."
Voy a comunicar el decreto del Señor: El me ha dicho: "Tú eres hija mía, yo te he engendrado hoy.
Salmos 3, 4-6
Mas tú, Señor, eres mi escudo, mi gloria, el que levanta mi cabeza.
Tan pronto como llamo al Señor, me responde desde su monte santo.
Yo me acuesto y me duermo, y me levanto: el Señor me sostiene.
Salmos 4, 4.9
Sepan que por mí maravillas hace el Señor, tan pronto como lo llamo, él me escucha.
En paz me acuesto y en seguida me duermo, pues tú sólo, Señor, me das seguridad
Salmos 5, 4
Desde la mañana oyes mi voz. Desde la mañana te hago promesas y me quedo a la espera.
.Salmos 5, 12-13
Que se alegren cuantos a ti se acogen, que estén de fiesta los que tú proteges, y te celebren los que aman tu nombre.
Pues tú, Señor, bendices al justo y como un escudo lo cubre tu favor.
Salmos 6, 3.10
Ten compasión de mí que estoy sin fuerzas; sáname pues no puedo sostenerme.
El Señor atendió mi súplica, el Señor recogió mi oración.
Salmos 7, 11.18
Dios es el escudo que me cubre, él, que salva a los de recto corazón.
Yo alabaré al Señor por su justicia y cantaré al Nombre del Altísimo.
Salmos 8, 2.4-10
¡Oh Señor, nuestro Dios, qué grande es tu nombre en toda la tierra! Y tu gloria por encima de los cielos.
Al ver tu cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has fijado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él? ¿qué es el hijo de Adán para que cuides de él?
Un poco inferior a un dios lo hiciste, lo coronaste de gloria y esplendor.
Le has hecho que domine las obras de tus manos, tú lo has puesto todo bajo sus pies:
ovejas y bueyes por doquier, y también los animales silvestres,
aves del cielo y peces del mar, y cuantos surcan las sendas del océano.
¡Oh Señor, Dios nuestro, qué grande es tu Nombre en toda la tierra!
Salmos 9, 2-19
Que mi alma alabe al Señor y proclame todas sus maravillas...
En ti me alegraré y me regocijaré, y cantaré a tu Nombre, oh Altísimo.
Te has sentado en tu trono, cual juez justo y has reinvindicado mi causa y mis derechos.
el Señor reina para siempre y establece su trono para el juicio.
Gobernará la tierra con justicia y juzgará con rectitud a las naciones.
El Señor es un bastión para el oprimido, un refugio para los tiempos de angustia.
Que en ti confíen los que veneran tu nombre, porque no abandonas, Señor, a los que te buscan.
Canten al Señor, que mora en Sión, y publiquen entre los pueblos sus hazañas.
se acuerda de los oprimidos y no olvida su clamor.
para que proclame tus maravillas, en las puertas de la hija de Sión, feliz y agradecido por tu salvación.
Porque no será olvidado el pobre para siempre ni será en vano la esperanza del humilde.
La acequia de Dios va llena de Agua
Salmos 65, 10-13
Tú visitas la tierra y le das agua, tú haces que dé sus riquezas. Los arroyos de Dios rebosan de agua para preparar el trigo de los hombres. Preparas la tierra,
regando sus surcos, rompiendo sus terrones, las lluvias la ablandan, y bendices sus siembras.
Coronas el año de tus bondades, por tus senderos corre la abundancia;
las praderas del desierto reverdecen, las colinas se revisten de alegría;
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